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¿Vale la pena arriesgarse?

Aquí estamos de nuevo, y aprovechando la puesta en marcha de una nueva sección en la web (http://www.dsanturtun.com/consultorio.php), quiero detenerme y responder a varias cuestiones planteadas sobre creación de empresas y hablar de la actividad emprendedora.
 
Que en España falta espíritu emprendedor y emprendedores no es ningún secreto. Pero el nuevo “mundo mundial” que se está formando, hará imprescindible que muchas personas deban orientar su futuro profesional hacia la creación de su propia empresa o negocio; será necesario un profundo cambio cultural al respecto.


La cultura emprendedora no es un acto voluntarista, por mucho que ahora se hable tanto de ello (y algunos políticos lo hayan descubierto  recientemente, aunque mejor esto que lo contrario). Es imprescindible que en la escuela, instituto, colegio o universidad, se oriente una parte de la formación hacia ello, entre otros motivos porque no habrá más remedio. Por tanto, no se trata de enseñar sólo contenidos: también debe hacerse con determinados “valores” (iniciativa, ambición en el buen sentido, espíritu de sacrificio para alcanzar retos, asumir riegos, …), intentando que los alumnos perciban que pueden ser dueños de su propio destino. Pero, si no se modifican algunos enfoques de las políticas educativas, estaremos desaprovechando recursos necesarios para crear empleo (y que no sabemos si los tendremos pasado mañana). Decía Peter Drucker (no es textual) que “dirigir un negocio no es  resolver problemas sino aprovechas oportunidades”: ¡menuda reflexión!

   

Y, un punto “crítico” para facilitar lo indicado será lograr que la sociedad valore más la actividad empresarial, su importancia, por la relación tan directa con el empleo. En España más del 90 % de las sociedades son pymes, incluso microempresas (< 10 trabajadores): es obvio por donde deben ir “los tiros”.

 

El mundo ha cambiado (aunque muchos no se den cuenta), y el futuro de muchas personas (y sus opciones laborales) dependerá de lo que hagan por ellos mismos, de su iniciativa personal. Claro que todos queremos tener asegurado el trabajo, pero habrá que pelearlo con mucho esfuerzo (más que antes), y quizás en los próximos años los emprendedores deberán contarse por cientos de miles como algo habitual para salir adelante. ¿Por qué, cuando se acaban los estudios, en lo primero que piensan muchos es que nos contraten y/o hacer una oposición, y no en ser emprendedor?


Ahora, afortunadamente, muchas entidades quieren impulsar la emprendeduría pero nos encontramos con una cruda realidad: faltan candidatos. Vuelvo al espíritu emprendedor y la necesidad de impulsarlo: en casi todos los sectores y actividades podemos triunfar.


Además (por ejemplo), resaltar que ser emprendedor no implica que, necesariamente, debamos fundar un negocio que nos suponga de entrada una inversión de >200.000 €, tener que contratar a 5 personas y ser una empresa de “base tecnológica”: muchos de nosotros podemos empezar con un enfoque de autoempleo (solos al principio) con unos pocos recursos (ejemplos: un servicio para arreglo de ordenadores en oficinas con una tarifa moderada,  enseñar a personas mayores el uso de las TICs, atención domiciliaria, puesta a punto de vehículos para pasar la ITV con una tarifa de 25 €, cultivar 2 hectáreas como agricultor, …). Quizás empecemos con un ingreso neto disponible de sólo 900 € al mes, y al cabo de tres años lleguemos a los 2.000 €. Así están las cosas: seamos prácticos e inteligentes y apostemos por tener una ventaja competitiva defendible.


Las posibilidades son casi infinitas, siempre que contemplemos lo que será clave: en un artículo anterior decíamos que cada vez se hablará menos de negocios competitivos y más de personas competitivas que hacen que sus empresas lo sean.


Lo que sí os recomiendo es contar con asesoramiento (muchas Agencias de Desarrollo Local, las ADL, tienen magníficos técnicos que pueden ayudarnos al principio). Y, tener bien definido el negocio, incluso hacer un diagnóstico previo de viabilidad antes de redactar el plan de negocio para así tener un mínimo de seguridad, basándonos en información y no en intuiciones. Me refiero a ser capaces de escribir de forma coherente nuestra idea de negocio y estudiar la competencia y demanda existente. Por ejemplo: si queremos abrir una peluquería deberemos conocer los futuros competidores y compararlo con nuestras ventajas competitivas iniciales (precio, servicio, qué ofreceremos), qué ingresos podemos tener y cuales serán nuestros costos, etc. Si ofrecemos “más por menos” habremos puesto una primera piedra sólida.


Después, emplear un modelo para elaborar el plan de negocio (que incluirá las claves de la viabilidad).


Unido a todo lo anterior está la relación directa entre viabilidad y territorio: dónde nos ubiquemos y las características sociodemográficas tienen una clara vinculación. En las próximas semanas quiero centrarme en estas cuestiones, en sectores determinados (lo que llamaríamos estrategia sectorial y territorial). Empezaremos por comercio y turismo.


Vale la pena intentarlo, y arriesgarse es muy estimulante. No esperemos tenerlo todo claro y seguro (aunque unos mínimos sí serán necesarios), porque nuestra determinación y capacidad de trabajo evitarán que tengamos la sensación de arrojarnos a una piscina sin agua. ¡Adelante, pues!, y lo digo no sólo para los nuevos emprendedores sino también para los veteranos: tener espíritu emprendedor. Son tiempos, los actuales, para emprender y demostrar lo que somos capaces de hacer.

 

Hasta la semana próxima y saludos a todos.

 

 

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Un Comentario

  1. Dar mas por menos, es muy interesante. Eso seria el valor añadido, aunque no es sencillo. Tengo que estudiarlo. Gracias una vez mas.
    José.

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