El barquero (desafío total, y II)

 
En el post anterior  comenté que en este me referiría a determinadas empresas, pymes, que teniendo problemas podrían superarlos. Son pequeñas organizaciones familiares que hasta ahora han “aguantado”, con gran sacrificio (incluso sacrificando patrimonio personal para suplir la falta de financiación externa), incluso intentando mantener el máximo de puestos de trabajo posibles. Hace unos años la única aspiración de sus dueños era que sus hijos tomaran el relevo al frente del negocio en las mejores condiciones posibles.  Pero esto ha cambiado en muchos casos: ¿qué trasladarán a sus hijos, una empresa o un montón de problemas y deudas? ¡Quien iba a decirles que, a la “vejez viruela”, dichos padres deben olvidarse de su esperada jubilación y centrarse en intentar mantener el barco a flote, y con muchas dudas sobre si la sucesión empresarial llegará a producirse! Y, si los hijos ya están trabajando en la empresa, la situación puede ser la misma.
 
A unos y otros quiero trasladarles un mensaje de prudente optimismo: siempre hay soluciones. Hace unos días leí unas declaraciones de un jugador del At. de Bilbao, donde decía que su entrenador actual les había enseñado a eso: siempre se puede correr un poco más, ese impulso adicional que permite llegar a un balón imposible y superar al contrario.
 
La cuestión es actuar con coherencia estratégica (¡coherencia, coherencia, coherencia!), o sea con simplicidad en los planteamientos ¿Por qué digo esto? Porque las empresas con problemas sólo pueden salir adelante si hacen lo que es preciso abordar. Me refiero a tomar algunas decisiones difíciles, críticas, que facilitarán dar un cambio de rumbo vital -si ese fuera el caso- para que la empresa sobreviva y recupere la rentabilidad. Son medidas dolorosas y nunca 100 % claras (las dudas forman parte de la solución: no hay certeza completa) que cuesta tomar, no porque no sepamos qué debe hacerse sino por ser temas que pueden implicar renunciar al modelo de negocio que hemos creado y/o impulsado, y que forma parte de nuestra propia historia personal y familiar. 
 
Es como si nos amputaran un brazo y nos resistimos todo lo que podemos, en ocasiones por miedo a equivocarnos y en otros casos por temor al propio cambio. Pero como no hay más remedio habrá que afrontarlo y no retrasarlas. Cuesta, por supuesto que cuesta, pero hay que “coger el toro por los cuernos”. Hoy hay muchas empresas (que antes iban bien) en dicha situación. El futuro dependerá de cómo actuemos.
 
Veamos algunos ejemplos para entender mejor lo que quiero transmitir sobre decisiones que nos puede costar tomar:
 
1) integrarnos en una franquicia (y cambiar el nombre de nuestro negocio, al que estamos apegados) porque es la solución para muchas cuestiones. Suele ir unido a la resistencia a perder la “independencia y el control“.
 
2) cerrar un negocio que no da ni dará beneficios, porque han cambiado las reglas del juego  (el mercado se ha hecho más pequeño y/o tiende hacia productos más baratos) y debemos centrarnos en otro segmento … Puede que no queremos entrar en “guerras de precios”, pero tampoco implementemos alternativas y nos quedamos en “tierra de nadie” y sin capacidad financiera.
 
3) la estructura de costos de la empresa precisa un cambio profundo (convertir lo fijo en variable, comprar mejor uniéndonos a otros … ).
 
4) empezar a trabajar en otro lugar, con todo lo que eso implica.
 
Están cambiando muchos modelos de negocio tradicionales, y -hay muchas experiencias- surgen otros nuevos o renovados. Si estamos “pegados” a determinadas tradiciones o costumbres, que en estos momentos frenan la capacidad de competir (la coherencia competitiva), tenemos que dar un giro y tomar las decisiones necesarias aunque pensemos que pueden ser “aventuras“, sensaciones estas sólo ciertas en parte porque no debemos minusvalorar nuestra prudente experiencia (que la tenemos). Y,  tampoco hemos de olvidar que cuando empezamos hace años, jóvenes y quizás sin un duro, tuvimos también infinidad de dudas y aún así las superamos. Redescubramos y valoremos el espíritu emprendedor que la mayoría de los empresarios tienen, y comprendamos que esa debe ser nuestra principal fuente de ventaja competitiva, y la que facilitará que seamos innovadores cambiando el modelo de negocio si es necesario.
 
No hay nada peor para un empresario que se seque dicha fuente (y dejar de ser emprendedor), pues de su caño mana un líquido elemento llamado capacidad de superar las dificultades como hemos hecho siempre, aunque en esta ocasión cueste entender que el nuevo paradigma precisa de nuevas respuestas. Pero poder podemos, asumiendo riesgos, como siempre.
 
Las medidas convencionales puede que no sirvan ahora y debamos elaborar una nueva estrategia, con acciones especiales y “potentes”, innovadoras es decir emprendedoras, para lograr impulsar el viejo negocio y convertirlo en nuevo. Pero, como leí el pasado martes en Twitter: “No podemos solucionar un problema hasta que admitamos que lo tenemos”; y en ocasiones esta puede ser la cuestión: no se aborda un cambio de rumbo porque no se termina de aceptar que tenemos un problema.  
 
Por todo lo expuesto, quizás convenga diagnosticar con precisión qué parte del problema está causado por la situación económica, y qué otra se debe a que seamos parte del obstáculo (sin saberlo), incluso que también usemos … el canuto (si bien con algo más de diámetro).  
 
En estos momentos no podemos permitirnos no tomar las decisiones que sean necesarias. Es lo que han debido de hacer los dueños de la revista Newsweek, que tras 80 años han decidido suprimir la edición impresa y convertirla en digital. Y, en el diario La Provincia se recoge una frase de Andy Stalman muy ilustrativa, expuesta en un reciente foro: “¿Quién te dice que no puedes crear el cambio? ¿Por qué no puedes liderar el cambio en … ? Nadie te lo impide, solo las fronteras mentales”.
 
Hace años para cruzar desde una orilla de un río a otra estaban los barqueros. A lo mejor, para pasar (tomar decisiones) hacia “el lado bueno” tendríamos que pedirle ayuda a uno (un amigo, otro empresario, nuestro hijo y sucesor, …).
 
Es evidente que el Desafío Total al que quizás debamos enfrentarnos, no es fácil aunque sí ilusionante.
 
Buen fín de semana a todas y todos.
 
 
 
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8 comentarios

  1. Es un espejo en que mirar y reflexionar,gracias

  2. Un articulo osucro por su veracidad, pero sin lugar a dudas, es un hecho real, tenemos que cambiar ……..y tanto.
    Quisiera recomendar un programa de television de La 2, que se llama ” El exportador” donde se hacen importantes reflexiones sobre empresas españolas que compiten en el mercado extranjero y la importancia de afrontar serios desafios dia a dia

  3. Se puede decir mas alto, pero no mas claro. Pero siendo evidente y sin negarle a ningún empresario su condición de emprendedor, innovador y atrevido,no me cabe la menor duda de que el paso del tiempo y los años, marcan, y no es lo mismo partir de cero, que de una posición consolidada, y es difícil asumir que fuiste capaz de triunfar trabajando como creías que debías hacerlo y ahora, con el mismo esfuerzo y trabajo te encaminas al fracaso, ¿quizás dada la edad ya no te encuentras con fuerzas para renovarte?. ¿quizás dudas y no quieres someterte a un nuevo fracaso,porque no estás completamente convencido de que el cambio te hará mejorar?. Es por ello por lo que afirmo que la ayuda externa de gente preparada y con reconocida experiencia y credibilidad es fundamental. Muchos empresarios estamos agoviados por los problemas cotidianos, centrándonos y luchando por mantenernos. la lucha por la supervivencia y éso nos impide tomar decisiones que un técnico contemplaría como de una evidencia clarísima.

  4. Buena publicación. Entiendo lo que dice José Rexachs, aunque tenemos que hacer lo imposible por salir adelante todo lo que sea necesario. Nos da miedo a equivocarnos y estar en peor posicion entonces. Pero hemos de animarnos.
    Gracias por su blog.
    Pedro

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