La guerra de los mundos (I)

Aquí estamos de nuevo tras un paréntesis donde hemos realizado diversas mejoras en el blog, entre ellas poner a vuestra disposición un índice de contenidos del mismo. Como siempre, me basaré en mis propias experiencias en el contexto que enmarca el blog: ser competitivos, que siempre es posible.
 
Durante estos últimos años se ha consolidado un proceso de “devaluación económica interna”, probablemente calculada e impulsada en un entorno de nuevo paradigma, y que arroja un resultado crítico: se han acentuado las debilidades de las pequeñas empresas como un determinante efecto o daño colateral, que está facilitando la destrucción de muchas y que afecta a una generación de pymes.
 
¿El problema tiene su origen en el tamaño de la empresa y/o hay también otras causas? Es probable que influya lo primero, pero también con otros ingredientes sobre los cuales intentaré reflexionar incluso lo relativo a si hay soluciones: ¿las hay? Permitidme que antes de contestar cite dos ejemplos recientes que me han comentado referidos a dos pymes, y que pueden  ayudar a explicar algunas cuestiones, aunque sin generalizar (no sería justo).
 
En un conocido restaurante, tres personas comiendo (sólo 4 mesas ocupadas de 20 en fecha de “demanda alta”). Al servir el segundo plazo, uno de los comensales tiene que esperar 15 minutos al resto por retraso en el servicio (era una simple merluza) y cuando la recibe ¡está cruda!. La persona que atendía mostró un semblante distante ante la reclamación y el maitre poco se inmutó. Al final, ni un café de invitación. Resultado: esos clientes, que lo eran de toda la vida, no van a volver y sí han empezado a frecuentar otro local de unas personas jóvenes (que ¡habían estado trabajando antes en el primero y se habían ído!), muy amables y con una puesta en escena que lo hacía especialmente atractivo. 
 
Segundo caso. En un chalet se ha deteriorado parte del tejado por diversos motivos. El dueño llama a una empresa que conocía (¡ay! los conocidos), y tras un retraso de más de 2 meses, sin justificación, por fín hacen las obras, con la particularidad que no realizan bien la impermeabilizado y tras llover, ¡goteras! Reclamación y respuesta del artista: es que ha llovido mucho… Resultado: reclamación, amistad rota, …  y el reconocimiento por el propietario de la casa que se había equivocado por no actuar con realismo y querer ahorrarse unos euros basándose en “que era un conocido al que quería ayudar” (¡menos mal que hay crisis en la construcción y falta trabajo!).
 
No sé si la crisis es el principal motivo que justificaría los dos casos (reducción de costos, etc), pero me temo que no por el tipo de respuesta que se dio a los clientes. Moraleja: en estos momentos al “comprador” no sólo hay que cuidarlo como siempre sino que ahora ¡hay que hacerle la ola del derecho y del revés!, … y en esto las grandes corporaciones quizás están aprendiendo (no todas) mejor la lección por una cuestión de cultura empresarial y/o de mentalidad, incluso procurando no sólo que compren productos o servicios sino que vivan experiencias, ofreciéndoles programas de fidelización, ….
 
¿Por qué al analizar los indicadores de evolución de las ventas, las empresas más grandes están mejor que las pequeñas, en términos generales? Además de la capacidad económica y de acceso al crédito, ¿intervienen otros factores? En la medida que podamos dar respuesta a dichas preguntas, identificando las cuestiones clave, podremos saber si determinadas pymes pueden enderezar su situación. Sin generalizar, creo que muchas empresas pequeñas   pueden mejorar, aunque no todas (por un problema de capacidad competitiva). Y aquí quería llegar: tamaño y futuro están relacionados, aunque en unos casos más que en otros y no siempre de la misma manera y con el mismo nivel de influencia.
 
¿Os acordáis de la película de Spielberg, “La guerra de los mundos (2005)? Los alienígenas llevaban tiempo preparando la invasión; mientras, los terrícolas, estaban con sus preocupaciones y no se percataron de ello.  Finalmente y con muchos sacrificios, los seres humanos -aparentemente en inferioridad de condiciones- triunfan, sumando fuerzas, y su lucha por sobrevivir (de eso se trata, en definitiva), prevalece frente los aparentemente intrusos más fuertes.
 
Vivimos un nuevo paradigma, en cierto modo como si se tratara de otro planeta, con nuevas reglas. Lo importante es saber que -como en la película- se trata de un choque entre unos que parecen más fuertes y otros débiles, y que para salir adelante hay que luchar mucho más que antes, sumar y reinventarse con mucha imaginación vital: los mejores triunfan (aunque hubiera sido mejor haber estado alerta para intuir “la invasión que se avecinaba”).
 
Hay dos tipos de empresas, un claro y consolidado dualismo, unas más fuertes (aparentemente las grandes) que otras, pero “el pequeño” tiene sus opciones porque el tamaño no tiene por qué ser sinónimo de debilidad. La cuestión crítica es que hoy no basta con ser serio, trabajador y “buena persona”: hay que ser muy competitivos, porque todo es más complejo y con menos recursos. Y no desanimarse nunca.
 
Por eso me gusta decir que cada vez se hablará menos de empresas con éxito y más de personas competitivas que logran lo sean sus negocios. Este es el reto, pero ¿cómo abordarlo? Respondo con algo que me dijo hace unos meses un cliente, que ante el cúmulo de problemas en su entidad me preguntó a bocajarro: dime, por favor, si yo soy el problema. Lo que le recomendé, para superar la situación, lo trataré en el próximo articulo. 
 
Buena semana a todas y todos.
 
 
Copyright © 2013 por F. Javier Díaz
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10 comentarios

  1. Creo que los casos que expones son “de cajón”… ; aunque la realidad es mucho más compleja y diversa.
    Me atrevo a apuntarte otra percepción acerca de la “crisis” en la pequeña empresa: la fiebre del pesimismo ha sido muy contagiosa; y los que la padecen renuncia a mantener la calidad de los servicios (“para qué, si esto va ir mal de todas maneras”)…

  2. Gracias por los ofrecernos los contenidos de tu blog.

    Y ahora, que nos comentas de las modificaciones de éste, si estás en ello, aún, permíteme sugerirte que aumentes el tamaño de la letra, a 12, por ejemplo, como recomiendan los oftalmólogos.

    Seguro que será un bien para todos tus lectores.

    Un saludo.

  3. Hoy contesto primero para agradecer una vez mas la Felicitación a Triana, que tengo el gran honor de presidir en estos momentos, pero tambén para mostrar mi conformidad tanto con el contenido de “La guerra de los mundos (I)” como del comentario de D. Antonio Ruiz. La situación es complicada, está durando mas de lo sospechado y noto que se acrecienta un pesimismo preocupante, una falta de ilusión y un convencimiento de que o faltan fuerzas o se dudan de las soluciones. Empezamos a creernos que solos no podemos y si no fluye el crédito es imposible. Yo ya estoy convencido de que se hace imprescindible, más que necesario, habilitar una Enfermería o un Hospital para pequeñas y medianas empresas que sufren alguna dificultad, similar a una enfermedad, pero susceptibles de “Mejoría” y que con un análisis profesional serio y bueno y siguiendo sus indicaciones a modo y manera de “recetas” se puedan salvar o o que es lo mismo “Sobrevivir”.
    Se está haciendo un gran esfuerzo par ayudar y dirigir a nuevos emprendedores,que me parece fantástico, pero escasea muchísimo la ayuda a consolidar lo ya existente, a evitar que sigan cerrando pequeñas y medianas empresas que crean un montón de puestos de trabajo.
    Ánimo y a luchar que sigo convencido que muchísimos tenemos solución.

  4. F. Javier felicidades por este artículo tan actual y sobretodo realista. Hace tiempo en una pelicula de acción decian ” Cuando hay la posibilidad de alguna duda sobre algo, esque realmente la hay” . Y asi es la situación, hay que ser autocríticos. En este pais se tienen grandes cambios estructurales y y dejar hacer, potenciar las ideas innovadoras y sobretodo que la Administración Publica debe saber administrar y ayudar , haciendo referencia a esta idea de Carlos Espinosa de los Monteros, no lo contrario. Ser autocriticos esa es la clave

  5. Vicente J Peralta

    Felicidades Javier. Muy interesante el contenido de tu blog, pues este es el futuro de la economía española.
    Los dos ejemplos que has comentado son el día a día de nuestro mercadeo: hay que hacer equipo y uno bueno. Las pymes son empresas que poseen ventajas competitivas frente a las grandes; como lo son la flexibilidad, adaptabilidad y rapidéz de respuesta ante el consumidor final, entre otras. Deben buscar su nicho de mercado segmentando por tipología del consumidor y ámbito geográfico. La satisfacción del cliente o lo que es lo mismo, solucionar su problema o necesidad, es la base fundamental de su existencia.
    La cultura del trabajo bien hecho, el servicio y el esfuerzo, son pequeñas armas que las pequeñas empresas (valga la redundancia) deben utilizar continuamente contra la invasión de las grandes y gigantescas.
    En mi experiencia profesional durante los últimos años, y me remonto al año 2005 (antes de comenzar la crisis), he sido testigo de pequeños empresarios, mayores ya, que no se adaptaban al cambio de la sociedad de consumo, no han evolucionado, les faltaba motivación y fe en su negocio, me respondían ” tú eres muy joven, que sabrás, toda la vida lo he hecho así y hasta ahora me ha ido muy bien”. Y lo peor de todo es que los jóvenes talentos, muchos de ellos hijos de empresarios de pymes, se han formado mejor y en desacuerdo con sus superiores o padres, han marchado a la gran empresa a triunfar como profesionales, independientes, por fin, de la pequeña empresa familiar, multifamiliar o de todos somos conocidos.
    Es una pena, pero esta tendencia está en manos de los, cada vez menos, pequeños empresarios del tejido económico de nuestra nación.
    Un cordial saludo a todos
    Vicente J

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